Feliz verano a Pablo Casado, Boris Johnson y Mónica Oltra

Putin sigue bombardeando Ucrania aunque ya no salga en los telediarios, y no debemos olvidarlo. Nos bañamos en la piscina y nos quejamos del calor y de los mosquitos y de los nuevos precios del chiringuito, pero Putin sigue bombardeando Ucrania. Hay vacaciones y playa y verbena, pero también hay sangre y odio y guerra. Y una hambruna se cierne, a la vista, sobre África mientras China se pone chula.

Suponemos a Pablo Casado de vacaciones leyendo libros interesantes, a Teo atravesando el Pacífico a nado, a Macarena Olona sin rictus de concentración y enfado en un buen restaurante, a Adriana Lastra expandiéndose lejos del ruido, a Alberto Rodríguez tostándose al sol canario con las rastas al viento, a Luis Garicano pensando que son incontables los que quisieron cambiar el mundo y se cansaron antes. Hoy no queda casi nadie de los de antes, y los que hay han cambiado.

Estará Griñán implorando auxilio, y Puigdemont esperando una señal de bienvenida. Iba a decir que Quim Torra se evaporó en su mediocridad, pero he visto que nació en Blanes y ha respirado el mismo aire que Roberto Bolaño y eso debe notarse, y además tiene perros románticos y putas asesinas ateridas de frío. A Laura Borrás la han visto esta mañana en la agencia de viajes para irse al tiempo que Anna Gabriel regresa de Suiza al Supremo. Dónde descansará Mónica Oltra, a saber si coincide en una tumbona cerca de Boris Johnson o Mario Draghi. Polvo somos.

En Cuenca el tiempo pasa más despacio, como si no hubiésemos sido absorbidos por la moderna espiral de lo efímero y las stories de veinticuatro horas. Podemos sentarnos en cualquier estación de tren de la provincia a esperar un tren, pero la espera será tan infructuosa como la de Vladimir y Estragon esperando a Godot. Qué triste y amplia metáfora: el último tren ya pasó pasa nosotros.

Disfruta este verano, querido lector, e intenta mantener tu dignidad y coherencia. No seas como Chana, que criticó nuestro viaje a Bruselas de 48 horas para defender el tren alegando que él “se quedaba trabajando” y, sin embargo, su agenda pasó por un viaje a La Palma de tres días, unas vacaciones personales de cinco días a finales de julio y un goloso viaje a Puerto Rico programado para agosto. No seas como García-Page, que debería ya ser apodado como El Sermoneador por sus peroratas sobre cualquier asunto terrenal o divino y, a la postre, actuar como fiel siervo de los compromisos de su jefe en política nacional. No seas tampoco como Pedro Sánchez, capaz de alegar que se quita la corbata para revertir el cambio climático, ni que fuese Superman. Si existe una evidencia irrefutable es que a Pedro Sánchez le importan un comino tanto el cambio climático como la inflación, que equivale a decir que no le preocupa ni el planeta ni la economía; algún día sabremos qué le desvela, o quizá mejor no.

Disfruta este verano, querido lector, antes de que las cervezas cuesten cinco euros y las barras de pan dos. Antes de que se nos agrie el carácter después de filomenas, pandemias mundiales interminables, gobiernos hipócritas, guerras injustas, volcanes en erupción, incendios intencionados y calor sin mínima tregua. Ya vendrá el otoño a aflorar nuestras debilidades, la insostenibilidad económica de un país en quiebra generacional y la fragilidad de la convivencia de un viejo continente en declive.

Si los pueblos son el alma de España, qué duda cabe que las fiestas patronales son el músculo de nuestras pequeñas patrias. La fiesta vertebra al pueblo a través de nuestras relaciones personales, fortalece nuestra economía local y airea nuestro sentimiento de pertenencia. Intentamos vender mensajes de carpe diem desde la playa y la montaña, pero terminamos en las fiestas del pueblo como oasis de vida y libertad. Disfruta así, por último, querido lector, del homenaje veraniego al patrón o patrona de tu pueblo, cuaja la tradición de tu patria y forma parte del renacer del espíritu de libertad rural después de estos años contenidos.

Feliz verano.

Momentos estelares como morir


Robert Falcon Scott en su expedición al Polo Sur.

Voy a estar en casa, haciendo nada.
Si no me llamas, te llamo.
Acércate, que hay alegría, birra y melodía.
Mira cómo se cubre de nubes
y mira luego cómo se despeja.

[Lo bueno no sale barato, Habana Abierta]

– Papá, ¿qué es morirse?

Y yo qué sé, hijo, nunca he estado ahí. Te digo que es dejar de vivir, no ser más, que te meten en una caja de madera, te despiden todos tus amigos y te entierran en una sepultura del cementerio.

– Papá, ¿y qué es una sepultura? ¿eso es para siempre?

Yo no sé lo que es morirse, hijo, nadie ha practicado para explicarlo. Te digo que es no respirar y entonces te veo cogiendo aire profundo de forma disimulada para constatar que tus pulmones funcionan genial. Ni que tú tuvieses que demostrar que estás vivo. No nos interesa la muerte, salvo la de las moscas y la de los ladrones de la noche. Para qué arriesgarse a probar si ni siquiera sabemos si en la muerte hay chuches.

He estado leyendo los Momentos estelares de la humanidad de Stefan Zweig y enseñan lo que es morirse porque todo momento estelar es éxtasis o fracaso o muerte. Zweig disecciona, por ejemplo, la agonía de los exploradores pioneros de la Antártida en una odisea inolvidable de hambre y muerte y frío tras una aventura de fracaso. Cuando el británico Robert Falcon Scott llegó al Polo Sur, la bandera noruega de Amundsen ya llevaba un mes allí. Derrotados, Scott y sus cuatro compañeros emprendieron la vuelta para fallecer congelados a pocos kilómetros del puesto de reabastecimiento. Lo encontraron abrazado de forma póstuma a un camarada como intentando aprovechar los últimos rescoldos de calor humano. Pero cómo entender una historia de pies congelados en mitad de una ola de calor abrasadora del mes de julio. Cómo asimilar una ventisca polar desde el sudor de una siesta estival manchega.

Hay instantes mágicos que marcan el devenir de una civilización en un gesto. Y casualidades como leer el pasaje de la batalla de Waterloo una mañana de julio en un hotel de Bruselas, a pocos kilómetros del frente de batalla, como si el destino o lo que sea hubiese planificado la rendición de Napoleón mientras un puñado de conquenses defendíamos los intereses de nuestra tierra y del único tren que recorre la provincia en el Parlamento Europeo. Cómo entender Waterloo desde la comodidad de una cama cerca de la Grand Place. Cómo asimilar la derrota final del militar francés y su destierro a la isla de Santa Elena mientras preparo la maleta para un agradable viaje de vuelta a la patria y al hogar. También los emperadores mueren pobres y solos, hijo.

Zweig cuenta también cómo se desplegó el primer cable oceánico de telégrafo para unir América con Europa mientras estas semanas unos operarios emigrados de América despliegan la red de fibra óptica por las fachadas blancas del pueblo. Y narra el descubrimiento de El Dorado y la fiebre del oro del s. XIX en un verano de incertidumbre económica y codicia que se corona con un juicio inexplicable para demostrar que la justicia siempre ha tenido realidad maleable. Ni que el escritor austriaco hubiese investigado este verano para escribir su obra maestra hace casi cien años. Que yo me encuentre a Dios por todos lados no significa que exista.

Los catorce momentos estelares perfilan los confines de la humanidad. Cómo vivir ignorando estas historias que enseñan más sobre el alma humana que cualquier tratado de psiquiatría o filosofía. Lo saben desde Cicerón a Haendel. Zweig ya enseñó con su biografía El mundo de ayer que se podía describir el contexto histórico del nazismo de Hitler mejor que a través de los fríos libros de historia. Y es que si la belleza no salva al mundo que al menos nos haga felices.

2021, tanta paz lleves


Un día especial para Sonny Colbrelli.

Per far la terra ci vuole un fiore
per fare tutto ci vuole un fiore.

[Ci vuole un fiore, Sergio Endrigo]

Quizá haya gente que vaya a conservar un recuerdo grato de este 2021 ya expirado. No seré yo, sobre todo en el último tramo del año, la verdad.

Incluso al revisar las lecturas destacadas del año percibo que todo conduce a la tristeza y la desesperanza: la muerte de un hijo de 6 años, la agonía del mundo rural, el atentado contra Charlie Hebdo, la muerte de un hijo de 3 años (otro), el dopaje en el ciclismo de élite, la juventud española sin futuro. Literatura como ratificación y no como evasión:

  1. Mortal y rosa (Francisco Umbral) – Más aquí.
  2. Feria (Ana Iris Simón) – Más aquí.
  3. Miss Marte (Manuel Jabois) – Notable novela del periodista gallego sobre desapariciones extrañas en un ambiente asfixiante en una aldea de su tierra.
  4. Imposible (Erri de Luca) – Alpinistas de vuelta de todo, nunca mejor dicho.
  5. Un amor (Sara Mesa) – El mundo rural cuando se le quita la mística y las ventajas fáciles.
  6. La hora violeta (Sergio del Molino) – El maño dice que no existe en castellano una palabra para designar al padre que pierde a un hijo porque ese sentimiento no cabe en ninguna caja.
  7. El colgajo (Philippe Lançon) – Nadie quiere ser protagonista en un atentado sangriento, pero a Lançon le tocó sufrir el de Charlie Hebdo en París.
  8. Cómo ganar el giro bebiendo sangre de buey (Ander Izagirre) – Historias de épica, engaño y traición del Giro de Italia desde su génesis hasta la actualidad.
  9. Decálogo del buen ciudadano (Víctor Lapuente) – Casi un libro de ética moderna.

La tele se suele encender para poner los Cantajuegos o Sam, el bombero, pero también las escasas pelis disfrutadas conducen a la amargura, como la genial alegoría de la violencia de La cinta blanca o el excelente documental Traidores sobre etarras arrepentidos (de Jon Viar, hijo de un psiquiatra que fue etarra y estuvo encarcelado, un documental imprescindible para conocer esa cara de la historia reciente). Por rescatar algo, Patria y The new Pope.

A principios de año, una nevada histórica, tan inaudita que ni los más mayores del lugar recuerdan algo similar, acarreó tantos contratiempos que creo que no pude mirar la nieve con gozo ni un segundo. Durante semanas incluso temimos que los cien pinos hubiesen muerto por congelación en la nieve tras soportar noches a menos quince grados; a la postre, y tras una primavera de hojas amarillas, solo uno se quedó en la estacada. Después de muchos años de estabilidad en el consistorio, estos meses hicieron las maletas tanto la secretaria como el alguacil, ambos insustituibles en su profesionalidad. También se marcharon a la otra vida mi teléfono móvil y mi ordenador portátil, tras casi seis años y diez años y medio de convivencia, respectivamente. En su último suspiro, se dañó el disco duro del portátil y solo quedó la opción del rescate millonario de los ficheros que han marcado mi vida. En primavera me invadió un virus que se marchó sin despedirse ni decir su nombre (y no era covid).

Ha sido un año tan deprimente que las vacaciones se limitaron a un fin de semana en una estación de tren abandonada y abarrotada de mosquitos junto a un polígono industrial de un pueblo de Soria. Volved a leerlo para llorar conmigo. Un año tan desolador que, un día de septiembre, mi hermana nos llevó a comer en un «restaurante» que no tenía ni cerveza ni café. Tan triste que en febrero pagué un domingo por ver un concierto ¡en la tele! Y me preparé un gintonic y me aburrí con Xoel López porque así estaba predestinado y porque los peques revoloteaban por el salón y, sobre todo, porque Xoel no era el de siempre sino que tres o cuatro mujeres le cantaban nuevas canciones. Un año tan nefasto, incluso, que en el sorteo de lotería navideño ni siquiera tuve que ir a la administración a cobrar veinte euros, quizá por primera vez en la vida. Un año tan olvidable que quedó jalonado de pérdidas, de incendios dramáticos y de otros desvelos que mejor no plasmar aquí.

Incluso a nivel deportivo ha sido el peor año del siglo, casi podría contar con las manos las salidas a trotar por el campo y a pasear en bici, con la excepción de los entrenamientos en carretera durante los dos meses de verano. Qué paradójico que el único recuerdo grato sea el de mayor sufrimiento, una exigente ruta por la serranía conquense a dúo bajo lluvia amenazante de más de cien kilómetros, más de 2.000 metros de desnivel y más de cuatro horas de pedaleo. Y el Real Madrid no ganó otra Copa de Europa. Por rescatar algo, el espectáculo épico de la París-Roubaix, como si el tiempo hubiese retrocedido en el infierno del norte y los adoquines se hubiesen vuelto a llenar de charcos y barro para gloria del italiano Sonny Colbrelli.

Solo queda la suerte de poder tener ojos renovados para ver el mundo:

  • La cena hoy todo riquísimo, pero la sopa el otro día estaba terrible. Mamá, el próximo día estate más atenta.
  • Papá, me gusta mucho Madrid porque hoy había tarta de chocolate con fresas.
  • Papá, te quiero hasta el cielo y cien vueltas a Júpiter.
  • Papá, al que más quiero es a Alfonso. Tú estás el último y no se puede hacer otra fila.
  • Papá, esto sabe a zumo de jamón york.
  • Papá, ¿dónde está el horizonte?
  • Mamá, hoy solo me he caído una vez, mejor que cuarenta veces, el primer día me caí cuarenta veces.

Y sigue viviendo en un mundo paralelo:

– Cayetano, deja ahí la cerveza y la cocacola y ahora le preguntamos a mamá si hoy toca aperitivo.
– Papá, si aquí mandamos tú y yo.

Y nos sigue enseñando modos de vida:

– Papá, ¿te gusta más Beteta o Castellón?
– Prefiero Guadalajara.
– Guadalajara no existe, es una fruta.

Y ese día reservamos las mondaduras de las guadalajaras para las gallinas.

La Opinión de Cuenca: crítica y análisis

Desde el 4 de abril del 2021 colaboro semanalmente con una columna de opinión, generalmente enfocada en política provincial, en el digital La Opinión de Cuenca. Como sea que no es sencillo luego escarbar para localizar columnas pasadas, me vengo al rincón personal para enlazar cada uno de los artículos publicados durante 2021:

  1. (4 abr) Un atardecer con Fray Luis de León en Villaescusa de Haro / Sobre el origen del título de la sección Mundanal Ruïdo y la hipotética visita del fraile belmonteño a la universidad villaescusera.
  2. (11 abr) La democratización del consumismo / Sobre la facilidad de comprar online en el mundo rural.
  3. (18 abr) Caridad de Recursos Conquenses S.A. / Sobre los recursos conquenses de utilidad estatal y el escaso retorno de la inversión al origen.
  4. (25 abr) Un montón de piedras con ojos / Sobre patrimonio histórico-artístico y su conservación.
  5. (2 may) Greta Thunberg no tendrá hijos y pagará peajes / Sobre cambio climático y los peajes para autovías y carreteras.
  6. (9 may) 15-M o el Círculo Polar Ártico de Unidas Podemos / Sobre el 15-M en su décimo aniversario y una opinión personal sobre el partido político que generó.
  7. (16 may) Cuenca 2050 / Sobre la utopía de Cuenca en el año 2050.
  8. (23 may) Justicia social por aquí, justicia social por allá / Sobre el concepto manido de justicia social desde diferentes definiciones y usos.
  9. (30 may) El Predicador del Eclesiastés, Roberto Bolaño y Pedro Sánchez / Sobre que haya un tiempo para el castigo y un tiempo para la concordia, es decir, sobre los indultos a los políticos catalanes presos.
  10. (6 jun) Diez años de alcaldía y curas de humildad / Sobre la experiencia personal de diez años como alcalde de un pueblo conquense.
  11. (13 jun) Teresa Ribera en Belmonte y un monstruo en el portal / Sobre la visita de la vicepresidenta a Belmonte y el monstruo de la despoblación.
  12. (20 jun) Un verano para la pandilla de Junqueras / Sobre las ganas que tenemos de verano y una invitación a Junky y Rufy.
  13. (27 jun) La sucia paradoja de Chana / Sobre el macrovertedero de Almonacid del Marquesado.
  14. (4 jul) La rara melancolía conquense / Sobre la necesidad de esperanza en el futuro de la provincia conquense.
  15. (11 jul) Los (Benditos) Forasteros / Sobre los veraneantes en los pueblos manchegos.
  16. (18 jul) Si una noche de invierno fray Pablo viese hoy su convento / Sobre el convento de los dominicos.
  17. (25 jul) Free Tour Operator Holidays in Cuenca / Sobre los destinos turísticos de la provincia a modo de agencia de turismo.
  18. (5 sept) ¿Qué hace una chica (educada) como tú en un sitio (rural) como este? / Sobre la vuelta al cole.
  19. (12 sept) Un cochazo de 90.000 euros para Chana / Sobre el coche presidencial que ha licitado la Diputación de Cuenca.
  20. (19 sept) De por qué a Henri Parot no le gusta mi pueblo / Sobre las fiestas del pueblo y su relación con el Regimiento Saboya.
  21. (26 sept) Tiempos gaseosos para hipocresías sólidas / Sobre hipocresía política actual.
  22. (3 oct) Preferiría no hacerlo / Sobre la actitud vital de Chana al modo de Bartleby.
  23. (10 oct) ¿Qué es deuda? Deuda, cariño, ¡eres tú! / Sobre la deuda pública.
  24. (17 oct) La Manada Incendiaria de los Justicieros de la Historia / Sobre memoria histórica y la imposición de relatos.
  25. (24 oct) «Cuenca lee» o «Cuenca, lee» / Sobre la feria del libro de Cuenca y hábitos de lectura.
  26. (31 oct) El umbral sociológico del dolor / Sobre el umbral del dolor y la tolerancia al mismo en asuntos de actualidad política.
  27. (7 nov) ¿Quién necesita un autobús de línea disponiendo de un BMW 545e? / Sobre el transporte público en la provincia.
  28. (14 nov) La España medio vacía o medio llena / Sobre despoblación y vida rural.
  29. (21 nov) 3.620 millones de euros para 189 días de espera / Sobre sanidad regional y externalización de servicios.
  30. (28 nov) Chana, ¡salva al soldado Valero! / Sobre la liberación del diputado Miguel Ángel Valero.
  31. (5 dic) Conversación en el despacho de María José Rallo / Sobre el cierre de la línea de tren convencional.
  32. (12 dic) No te lo perdonaré jamás, Martínez Chana, jamás / Sobre el macrovertedero de Almonacid del Marquesado.
  33. (19 dic) Empanada horneada de paripé y falta de respeto / Sobre la convocatoria de ayudas para pueblos de más de 7.000 habitantes.

Y seguiremos.

Dialogi quattuor super auspicato Johannis Hispaniarum principis mortuali die


La muerte visita a la reina Isabel la Católica.

Quiero vivir dos veces
para poder olvidarte.
Quiero llevarte conmigo
y no voy a ninguna parte.

[Paloma, Andrés Calamaro]

Los Reyes Católicos tuvieron solo un hijo varón, Juan de Aragón, príncipe de Asturias. El pobre Juan falleció en 1497 a los 19 años, solo seis meses después de casarse con la archiduquesa Margarita de Austria. Las malas lenguas atribuyen su súbito fallecimiento «a la gran pasión marital que sentía por su esposa». Se puede intuir la tristeza y la pena de su madre, la reina Isabel la Católica, ante el fallecimiento de su hijo varón.

En aquel tiempo, Diego Ramírez de Villaescusa andaba por Amberes junto a Juana de Castilla, la tercera hija de los Reyes Católicos, ya casada con el archiduque Felipe el Hermoso desde 1496. El sacerdote villaescusero hacía las veces de consejero y capellán mayor de Juana, necesitada de asesoramiento y apoyo psicológico. Y allí en Amberes, unos meses más tarde de la muerte del hermano de Juana, en julio de 1498, Diego publicó un incunable en latín de título «Dialogi quattuor super auspicato Johannis Hispaniarum principis mortuali die» («Cuatro diálogos a la muerte del deseado príncipe Juan de España»).

El texto, que se puede descargar de la Biblioteca Virtual del Patrimonio Bibliográfico, se estructura en cuatro diálogos: uno primero entre la muerte y la reina Isabel, uno segundo entre Fernando el Católico y Margarita, viuda del príncipe Juan, un tercero entre los Reyes Católicos y un cuarto diálogo entre los mismo Reyes Católicos, padres del príncipe Juan, y la viuda Margarita.

Este tipo de escritos, con marcado enfoque moralizante y de consuelo cristiano, se difundían a modo de pésame, como si en vez de una corona de flores se quisiese enviar un ánimo de vida eterna. Por aquel entonces, además, Diego Ramírez no era todavía obispo, aunque fue inminente su nombramiento como Obispo de Astorga en noviembre de 1498. Sería aventurado aseverar que su homenaje al príncipe Juan hubiese podido tener algo que ver con su ascenso episcopal.

Sí podría intuirse, sin embargo, que los fallecimientos en la línea de sucesión favorecieron de forma nítida su poder en la corte como escudero de Juana de Castilla puesto que no solo falleció el príncipe Juan, sino también su hermana Isabel de Aragón, la primogénita de los Reyes Católicos, y su hijo, Miguel de Portugal. La Historia, caprichosa y azarosa, suele reservar sillones de honor a aquellos que, como Diego Ramírez, estuvieron el día oportuno en el lugar adecuado.

Y así es como casi cinco siglos antes de que Ingmar Bergman rodase El Séptimo Sello ya hubo un villaescusero que humanizó a la muerte y la mandó a establecer conversación eterna con la reina Isabel la Católica.

ex fructibus eorum cognoscetis eos

En aquel tiempo dijo Jesús: “¡Cuidado con los falsos profetas! Vienen a vosotros disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces. Por sus frutos los conoceréis, pues no se recogen uvas de los espinos ni higos de los cardos. Así, todo árbol bueno da buen fruto; pero el árbol malo da fruto malo. El árbol bueno no puede dar mal fruto, ni el árbol malo dar fruto bueno. Todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego. De modo que por sus frutos los conoceréis”.

El ilustre villaescusero Gil Ramírez de Arellano quiso grabar para la posteridad su lema «Por sus frutos los conoceréis» de Mateo 7 en multitud de rincones de la Bella Excusa.

G.A.T.O. para la posteridad


Julio Ruiz, cincuenta años de pasión en las ondas.

A veces quiero estar así,
a veces solo quiero huir,
a veces pienso que tan solo ha sido un sueño
y que aún estás aquí.

[Brigitte, Los Planetas]

Ayer, 18 de julio de 2021, Julio Ruiz emitió el último programa de Disco Grande en Radio 3. A los 68 años, y después de ¡50 años! dirigiendo el mismo programa, lo han jubilado a pesar suyo y pena nuestra.

Me emocioné ya desde la entradilla, quedaba solo una hora de una porción de nuestra vida musical. A Julio lo quería todo el mundo, así que no son de extrañar las muestras de cariño e incluso pinceladas hagiográficas que otros le pintan. Quizá no seamos capaces de entender lo que significa dirigir un programa durante medio siglo. Contó ayer en el último Disco Grande que, incluso durante el año de servicio militar en 1980, preparaba los cortes del programa durante los permisos del fin de semana y se los entregaba a su hermano para que los ensamblará con las piezas musicales y se siguiera retransmitiendo. Por eso él presumía de retransmisión ininterrumpida desde 1971.

No me considero un oyente frecuente de Disco grande, sino ocasional, pero tenía como un reloj interno lorquiano que a las cinco en punto de la tarde notificaba el evento. En realidad, no me iba la vida en conocer las noticias musicales del día pero me fascinaba escuchar a un señor que sonaba tan juvenil, tan pasional, tan entregado a la promoción de grupos maqueteros de pop y rock. Gozaba de una memoria prodigiosa en asuntos musicales, aunque quizá no sepa en qué día cumplen sus hijos los años; la pasión tiene estas cosas.

Cuando quedaban quince minutos de programa, se subió en el coche conmigo una compañera y empezó a hablar de lugares comunes. Ella no sabía que estábamos en mitad de un funeral y que no era procedente recordar el final del curso escolar. A medida que emitía mensajes para un receptor absorto, yo iba sutilmente subiendo el volumen de la radio desde el volante. Dijo Julio que sentía a todos sus oyentes como el último concierto de un grupo al que acuden todos los fans; bueno, todos los fans y mi compañera, que cuando le aseveré muy serio que quedaban diez minutos de un programa que llevaba cincuenta años en emisión se limitó a decirme que ella tenía un amigo que escuchaba Radio 3. Testifico que no la arrojé del coche en ese momento.

Sus últimas palabras fueron de agradecimiento, como suelen hacer las buenas personas, y cerró con un epitafio que queda ya labrado en nuestra memoria sensible: no hay nada como la radio. Entonces dio paso a Brigitte, single de adelanto del primer disco de Los Planetas allá por 1994. A veces pienso que tan solo ha sido un sueño. Y se hizo el silencio.

Bolaño y Saint-Exupéry en Oreto


La decantación de cuatro años.

Hoy nadie te va a perdonar
ni los tuyos, ni los haters;
hueles el impacto,
bienvenidos a la era digital.

[Como si fueras a morir mañana, Leiva]

Toda farsa tiene un final abrupto y trágico. La farsa era la perspectiva de futuro o la aspiración, al menos, a un porvenir laboral estable. El final abrupto, el 7 de junio de 2011, día de la defensa de la tesis doctoral. Hoy, el décimo aniversario de aquel punto y final. No recuerdo ni siquiera el título, se van quedando muchas vidas perdidas en el camino, posiblemente mejores si acaso lo mejor y lo peor fuesen conceptos cuantificables. Sí recuerdo, en cambio, que después de invitar a cenar al tribunal -me habían puesto un cum laude precisamente para que el restaurante fuese bueno, o al revés- tomé un gintonic de Martin Miller’s con Fever Tree. Y me acuerdo porque estaba acostumbrado al Larios en vaso de plástico y, entre el salto cualitativo y las circunstancias, me supo a gloria. El olor a victoria, supongo. El día después de presentar el proyecto final de carrera compré un billete para volar a Cagliari y el día después de defender la tesis doctoral me inscribí en twitter, qué triste evolución. Aquel día se cerraba una etapa que había iniciado diez años atrás, en septiembre de 2001, cuando volé del nido familiar, ilusionado y timorato, para estudiar en la universidad. Aquel 7 de junio cerró el círculo de la EPSA de Albacete, la ESI de Ciudad Real, la José Maestro, la Erasmus en Udine, el proyecto Hesperia, la investigación en Oreto y los jueves por la tarde que eran viernes por la mañana.

Si esta entrada se titula así es porque esta mañana he revisado el libro y he recordado que venía introducido por dos citas de sendos maestros de la literatura. Hoy podría volver a usarlos pero en otras perspectivas porque Bolaño ahora no habla de libros de geometría a la intemperie sino de oasis de horror en desiertos de aburrimiento y Saint-Exupéry no me habla de la satisfacción del trabajo sino de que me había nutrido para vivir, había vivido para conquistar, y había conquistado para retornar y meditar y sentir mi corazón más vasto en el reposo de mi silencio.

Releo los agradecimientos y podría querer borrar nombres. Qué suerte que el pasado quede petrificado aunque algunos se empeñen en zarandearlo para que caiga la fruta de la mirada interesada. Valorar lo que se perdió y agradecer lo que se vivió, si es que se puede recordar a la carta. Siento que la memoria quedó atrapada en aquella década por interés propio, y no podría reprocharle su ansia de bienestar.

No parece mal logro para un tecnófobo que tiembla cada vez que hay que sintonizar la tele y no sabe instalar el Office lo de defender con éxito una tesis doctoral. Quizá esté relacionado con esa hipótesis de William James según la cual es más fácil ir a la guerra que dejar de fumar.